El otro día cogí la autopista por la entrada de la carretera de Pomar. Me sorprendieron y alarmaron dos cosas: primero la poca seguridad que existe para el peaton que quiere cruzar el paso de cebra que hay en ese lugar y después, el camino de tierra que se adivina, entre los matojos, que además tiene falta de iluminación, y por el que se llega al instituto pompeu fabra. Nuestros jóvenes caminan por allí de noche y de día. Da que pensar esta falta de equipamiento urbano y estos accesos tan rudimentarios.







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